La semana pasada un video de militantes islámicos asociados a ISIS destruyendo estatuas asirias fue difundido probando nuestro límite a la tolerancia religiosa. Hoy las Naciones Unidos repudiaron la continuada demolición de artefactos arquelógicos asociados al nacimiento de la civiliación.
El revuelo general en los medios deja un poco de espacio para cuestionar nuestra reacción cuando consideramos que son los mismos que han difundido videos decapitando rehenes sin mayor reparo.
Es notable mencionar que líderes islámicos en todo el mundo repudiaron esta destrucción de artefactos. ISIS hasta ha conseguido lucrar de este vandalismo, vendiendo piezas pequeñas y demoliendo lo que es demasiado grande para transportar.
Cualquier persona interesada en forma casual en la historia entiende lo difìcil que es encontrar pistas que nos ayuden a entender quienes somos y cómo llegamos acá. Remover partes críticas de ese rompecabezas es completamente inaceptable, está justificado calificar estos actos de terrorismo en contra de la humanidad.
El golpe de impacto de terror generalizado que buscan los extremistas, sean controles excesivos en aeropuertos o shock a la sensibilidad occidental es su objetivo, y lo están logrando con creces. No tenemos que dejarlos afectarnos, no son siquiera la mitad de la amenaza que es Rusia pero han conseguido mucha más atención. Debemos replantearnos cuales son nuestras prioridades.

